Quisiera abordar este tema desde mi propia vivencia cuando fui niña como parte de la comunidad Gunadule (Una nación indígena en Panamá) contándoles una de las tantas ceremonias que realiza mi pueblo, la de mi primer árbol. Y desde allí hacer una reflexión de la importancia de todas las relaciones.

Mi primer árbol

Era el tiempo de Bardud, la planta medicinal utilizada por los inadules (médicos gunadules) para prevenir enfermedades en los niños y niñas. En este mes de Bardudnii, el mes de diciembre del calendario occidental, fue cuando nací. El nacimiento en la comunidad gunadule es motivo de celebración. El día que mi mamá dio a luz, la familia estaba lista para recibir al nuevo miembro, a la bebé; así que las abuelas y los abuelos se prepararon para este nacimiento. Cuando salí del vientre de mi madre, ellos tomaron la placenta y el cordón umbilical. Estaban preparados para celebrar la primera ceremonia que se realiza para todo niño gunadule: la ceremonia de mi primer árbol.

Este ritual expresa la importancia de las relaciones en la comunidad guna. Los seres humanos somos parte de la comunidad cósmica. Pertenecemos a la tierra. Mientras el llanto del bebé anuncia su llegada a la comunidad; los abuelos, las abuelas, realizan una ceremonia que marcará y traerá a la memoria nuestra profunda manera de entender la vida. Todo nacimiento, para el pueblo gunadule, habla de las bondades de Dios. La mamá se prepara para este momento con brebajes o pócimas y toma sus porciones según la indicación del médico, hasta el momento del parto. Cuando la mujer está lista para el alumbramiento se dirige a la casa de la abuela donde la esperan las parteras que son conocedoras de todo el ritual. La placenta y el cordón umbilical son tratados de manera especial, no se botan, no se tiran a la basura. Cuando la bebé o el bebé nacen, se recogen la placenta y el cordón umbilical y se sahúman con semillas de cacao; más tarde, al anochecer, se llevan a la casa de los padres. Junto con el cordón umbilical, los padres, las madres, siembran una planta de plátano, guineo, una palmera de coco, o cualquier árbol frutal. Cuando el árbol da su primer fruto y se madura, se prepara un jugo y se invita a las niñas y niños de la comunidad, también a las parteras. Y los padres y las madres, les cuentan a los niños la memoria de este lazo de unidad. Con voz fuerte y firme dicen lo siguiente:

“Nosotros somos parte de la tierra, en el jugo que tomamos hoy, nos unimos, recordando nuestro origen, nosotros estamos unidos a la Madre Tierra, a nuestra hermanita que nació, a los frutos de la tierra, a nuestros abuelas y abuelos. Estamos unidos a Nana y Baba. Todos cuando pasen y vean el árbol lo cuidarán, hablarán con la semilla, con la tierra y el agua. Cuando finalmente el árbol da su primer fruto, se hará un refresco y se invitará a los niños y niñas para que puedan beber de este jugo. Ese día una vez más mientras se bebe el jugo los padres del bebé le recordarán a los niños de la comunidad que todos estamos conectados con Dios, con la tierra, con los ancestros, con la familia, con la niña o con el niño. Les recordarán que somos una comunidad cósmica”.

Todas las relaciones son importantes

Esta ceremonia y vivencia del pueblo Gunadule nos enseña varios elementos importantes en el desarrollo espiritual socioecológico de toda persona.

Lo sagrado de la vida, y la dignidad intrínseca de todo ser humano, al reconocer que la vida es un don que procede del Creador, esta espiritualidad que esta basada en relaciones de armonía dónde cada persona es parte fundamental de la comunidad y cuando la comunidad y las relaciones están fragmentadas esta afecta la vida comunitaria.

El nacimiento del bebé es señal de bendición del Creador para la comunidad, está bendición con lleva responsabilidad, ya que la comunidad juega un papel importante en la formación de la niñez, es por eso que en la ceremonia Gunadule se recuerda a través del cultivar el árbol, la importancia de educar para la vida con una conciencia de que todas las relaciones son muy importantes y que cada acción que realizamos influye de manera positiva o negativa en el otro. Y al pensar en el otro no solo en la humanidad, si no en la comunidad en todos los seres vivientes que habitan en el planeta. El plantar el árbol para el bebé nos recuerda nuestro sentido de pertenencia en la tierra, y la responsabilidad de cuidar al bebé, pero también al árbol y mientras el bebé no puede cuidar su árbol, la familia y la comunidad lo cuida por ella/él. Pero al crecer la bebé, y hacerce una niña, ella debe cuidarlo y reconocer la reciprocidad en que ella da y recibe de su árbol, este sentido de ser parte de, le da identidad como hija de la tierra. Además la ceremonia nos recuerda como es que estamos unidos, unos con otros, y a valorar de dónde venimos.

En el libro de Génesis capítulo 2:7 leemos que Dios tomo el barro y sopló aliento en el ser humano, este relato nos recuerda nuestro origen en Dios y en la tierra. Los cantos y ceremonia gunas de mi primer árbol, también nos recuerdan que el Creador nos dio vida y que somos hijas de la tierra. Esta espiritualidad basada en las relaciones de armonía con el Creador y la creación es parte fundamental de la educación de la niñez en el pueblo Gunadule. A la niñez se le enseña está ética de la vida, somos tierra, pues pertenecemos a ella. Está relación socioecológica es los abuelos y abuelas de la comunidad recuerdan a la comunidad guna que todas las relaciones son importantes y hay que cuidar de ellas, creando sentido de pertenencia, de familia, de conciencia de cuidado a la tierra, al territorio, educando que su vivencia en la comunidad tiene implicaciones cósmicas, pues no tener relaciones saludables con todo el planeta y el Creador, influye en el desequilibrio de la vida. Además va creando conciencia ética de que cuidar de la tierra es cuidar de todos. Y eso implica que comemos, cómo comemos como un acto de resistencia en medio de los sistemas de muerte que existen en la tierra.

Para los abuelos gunadule la pobreza no es no tener dinero, pobreza es no saber amar, conocer y cultivar la tierra, por eso una relación espiritual socio ecólogica para la educación de la niñez deberiera tener estos principios éticos de la vida, la riqueza de poder vivir con libertad al aprender a cultivar la tierra, ya que esto tiene implicaciones políticas, pues que comemos, y llevamos a la mesa debería ser un derecho que los seres humanos tuvieramos que tener, en nuestra nutrición, este enfoque de soberanía alimentaria se va desarrollando al transcurrir el tiempo y su relación de cuidado de la tierra como una educación para la vida. El canto orado de la abuela en la hamaca para su bebé es que cuando crezca recuerde que cada relación es importante y que debemos cultivarla manteniendo el equilibrio mientras caminamos en esta nega (casa).

 

Publicada originalmente en Conexión Ternura en febrero 2023.