Notas del Congreso Nacional de Liderazgo Cristiano Indígena
Chinauta, Colombia, 1-3 noviembre 2025

*Este congreso fue organizado por la Red de Líderes Indígenas Evangélicos de Colombia con el apoyo de Memoria Indígena y la Fundación Wájaro. Este documento es un resumen de lo conversado y trabajado en plenarias y en muchas sesiones de trabajo en grupos. Te invitamos a leerlo para entender mejor algunos aspectos de las realidades que confrontan a los pueblos indígenas en Colombia y la iglesias que existen en estos contextos.

Damos gracias a Dios, el Creador y sustentador de la vida, por la oportunidad que tuvimos para reunirnos en estos días y escucharnos compartir algunas de nuestras luchas y sueños para la iglesia y la obra misional de Dios entre los pueblos indígenas de Colombia, una iglesia que se encuentra en medio de varios desafíos que enfrentan a todos los pueblos indígenas: un conflicto armado con varios frentes y actores que buscan enriquecerse sin importar el costo; tensiones y dificultades entre cristianos y no cristianos en nuestras comunidades; y crisis ambientales que amenazan nuestra forma de vivir y sostenernos en nuestros territorios. 

Entre líderes indígenas, estudiantes y jóvenes indígenas formándose para el ministerio, algunos representantes de iglesias y ministerios aliados a la obra de Dios entre los pueblos indígenas, y varios otros voluntarios que apoyaron, por tres días participamos 197 personas de distintas formas en este espacio para conversar sobre estos tres temas y reflexionar sobre nuestro papel como discípulos de Jesús en medio de estas realidades. Asistieron 24 etnias de Colombia, los y las participantes indígenas dialogamos para compartir nuestras realidades, nuestras ideas y sueños, y para considerar cómo podemos testificar de la buena nueva del amor de Dios entre nuestros pueblos. 

Lo que sigue es un resumen de estas conversaciones. Identificamos varias necesidades, problemas y barreras, y también proponemos ideas para transformar estos problemas. Además, concluimos con algunas propuestas para fortalecernos como una red de líderes a través de acciones con y desde la Red de Líderes Indígenas Evangélicos de Colombia (RELIEC), quien convocó este congreso. Mientras nuestros contextos y culturas varían mucho, también hay cosas que compartimos en común, lo más importante siendo nuestra unidad en el cuerpo de Cristo. Entonces reconocemos que las acciones que tomamos para servir nuestras comunidades y transformarlos en el amor de Cristo tienen que ser específicas para nuestras comunidades y territorios, sin embargo, también reconocemos que nos necesitamos para seguir fortaleciéndonos y apoyándonos mutuamente en este camino. Por eso hay propuestas tanto para las iglesias locales como para acciones regionales o nacionales. Es responsabilidad de cada uno de nosotros y nuestras iglesias imaginar cómo podemos poner en acción estas ideas en nuestros contextos y con los recursos y dones que Dios nos ha dado. 

Día 1- Cuidado de la Creación

El primer día del congreso, se enfatizó algunos puntos en cuanto a nuestra relación y responsabilidad con la creación. Reconociendo que también somos parte de la creación de Dios, escuchamos en la mañana una reflexión sobre la importancia de la unidad entre hermanos y hermanas, miembros del cuerpo de Cristo y criaturas que dependemos de esta tierra que Dios hizo. Los panelistas nos recordaron que todo pertenece a Dios, todo es un regalo de Dios, y por lo tanto debemos cuidarlo con gratitud. Dios nos manda a cuidar su creación y además, una forma concreta y directa de amar a nuestro prójimo es trabajar para el bien de la tierra, el agua, el aire, pues todos respiramos y nos alimentamos del mismo. Recordamos que trabajar entre nuestros vecinos y al lado de la autoridades de la comunidad y el estado, entre otros, no solamente es necesario para enfrentar los desafíos y conflictos ambientales sino es una manera de encarnar en la comunidad el amor y cuidado del Creador por toda su creación, incluso las personas que no siguen a Jesús. 

Los problemas que enfrentamos

Mientras en cada región y comunidad tenemos distintas necesidades, entre todos había unos problemas que muchos compartimos. Los más mencionados fueron la deforestación, la minería en nuestros territorios, la violencia de los grupos armados y los efectos del desplazamiento y violencia en la tierra, y la contaminación del agua y la tierra por actividades agrícolas. Otros mencionaron problemas de las siembras ilícitas, las tiendas en las comunidades que traen alimento malo y basura, los problemas de falta de sistemas de agua y manejo de residuos, la escasez de pescado y animales en los ríos y el monte, la falta de tierra mientra la población crece, la pérdida cultural y lingüística que afecta la pérdida de conocimiento ecológico muy valioso, las empresas multinacionales que compran tierras y siembran monocultivos, el sobre uso de agroquímicos, el turismo que trae mucha basura, y los efectos de la tecnología y celulares en los niños, y en los jóvenes. 

No todos estas cosas son factores en todas partes, y algunos afectan a nuestras comunidades más que otros. Pero viéndolo todo junto, podemos ver que no hay una comunidad entre nosotros que no tenga algún conflicto o problema con raíces en el uso y manejo de nuestros territorios, y nos afecta a todos. Si como cristiano tenemos un mandato para cuidar la creación y amar a nuestro prójimo, ¿cómo podemos hacerlo frente a estas situaciones difíciles y a veces muy complejos? 

Propuestas para acción

Entre lo dialogado, surgieron cuatro áreas principales donde identificamos la necesidad de actuar y practicar:

  1. Mejorar las relaciones de la iglesia con las autoridades y la comunidad

Reconocimos que para realizar una transformación como Dios sueña, es necesario trabajar al lado de otros actores dentro y fuera de nuestra comunidad, dentro y fuera también de nuestra iglesia. 

  • Necesitamos como iglesia realizar acciones de perdón y reconciliación tanto por el daño que hemos hecho a la tierra como el daño que hemos hecho a nuestra relación con la comunidad y las autoridades tradicionales. 
  • Necesitamos aprender a dialogar con ellos y llegar a acuerdos para nuestro beneficio mutuo, creando alianzas para trabajar juntos donde vemos que hay necesidad. No significa que tenemos que estar de acuerdo o aceptar todas las prácticas o creencias de la gente que no comparte nuestra fe. Más bien, tenemos que reconocer que la soberanía de Dios no está amenazada cuando sus discípulos buscan el diálogo y una buena relación con su prójimo no cristiano, sino que Dios nos llama a expresar su amor al prójimo a través de nuestras acciones. 
  • Podemos buscar cómo trabajar juntos en temas que reconocemos que son para el bien común, podemos apoyar la iniciativas de nuestros pueblos dentro de una ética del reino de Dios, y al mismo tiempo que proponemos nuestra visión sobre la creación y el cuidado.

2. Capacitarnos para reconocer el cuidado de la creación como un asunto integral del discipulado cristiano y para poder trabajar las soluciones a estas crisis en nuestros territorios

  • Más que todo expresamos un profundo deseo de capacitarnos, de una forma que entreteje las bases bíblicas para cuidar la creación con herramientas prácticas para enfrentar los conflictos y problemas que encontramos en nuestros contextos.
  • Capacitar más a nuestros líderes en temas prácticos para poder llevar a cabo proyectos de servicio en la comunidad y también para conocer mejor las leyes y normas ambientales. También necesitan un conocimiento más profundo de lo que la Biblia dice sobre el tema para poder enseñar mejor a nuestras iglesias. 
  • Integrar este tema en nuestro discipulado, desde la niñez hasta con los mayores, que en toda nuestra enseñanza y práctica como iglesia necesitamos evaluar cómo estamos cuidando la tierra y el prójimo.
  • Reflexionar más sobre la creación a la luz de la Biblia y articular mejor nuestra espiritualidad en relación a nuestro ambiente.
  • Conocer más de la creación de Dios y nuestro lugar en ella. Podemos investigar más para entender las raíces de los problemas y buscar soluciones.
  • Reflexionar más en nuestras formas de vivir, cultivar, y consumir, considerando sus efectos en la comunidad y en nuestros cuerpos. 
  • Tener una mirada más global en nuestra iglesia, reconociendo que hay cambios climáticos que nos afectan que tienen sus causas en lugares lejos de nosotros. 
  • Tenemos que dejar de tener miedo de estudiar y conocer mejor nuestras tradiciones culturales y conocimiento ancestral, no para adoptar prácticas en contra de la voluntad de Dios sino para aprender a reconocer y apreciar los dones que el Creador nos ha dejado para saber cómo vivir bien con su creación, y también para poder dialogar mejor con las autoridades comunitarias.

3. Crear propuestas propias para servir la comunidad y cuidar la creación

También muchas personas expresaron ideas y compartieron iniciativas que están haciendo en sus propias comunidades, reconociendo que más allá de solo aprender lo que dice la Biblia, tenemos que poner nuestra fe y entendimiento en acción. La iglesia puede y debe ser un líder en la comunidad para la transformación hacia la sanidad y reconciliación de la tierra, y eso significa que podemos también tomar la iniciativa. Al reconocer el problema, podemos crear soluciones, acciones que podemos hacer tanto desde la iglesia como en conjunto con la comunidad, con organizaciones, y hasta con el estado. 

Varias propuesta concretas fueron: 

  • La construcción de baños secos.
  • Volver a crear y usar herramientas y productos propios para dejar atrás el plástico, jornadas de limpieza de basuras.
  • Proyectos para mejorar el manejo del agua, incidencia para visibilizar los problemas con el gobierno y otras entidades, y la formación de un comité en la iglesia para manejar estos temas y dialogar con autoridades. Pero el tema más frecuentemente mencionado fue la necesidad de trabajar juntos en la alimentación propia
  • Propusimos ideas para guardar y preservar semillas de alimentos nativos, volviendo a sembrar para el autoconsumo y un alimento sano en vez de para vender nomás. 
  • Algunos hablaron de su idea de un mercado propio para practicar el trueque entre vecinos, incluso entre comunidades e iglesias en una región. 
  • Hablamos de los daños a la salud de los químicos y la necesidad de volver a sembrar con técnicas más saludables. En esta área hay mucho que podemos hacer con el conocimiento propio y compartiendo experiencias para el bien de nuestras comunidades. 

4. Trabajar por la unidad de la iglesia. 

Hubo un reconocimiento general que para poder servir en y con nuestras comunidades, tenemos que aprender a unirnos entre hermanos en la fe. Existen divisiones entre iglesias, entre familias, y entre etnias, que crean conflicto y desencuentro entre hermanos cristianos y eso afecta nuestra capacidad para trabajar en la obra de Jesús de reconciliar todas las cosas. Además, uniendo esfuerzos, sin celos y con humildad, podemos tener un impacto mucho más profundo en nuestras comunidades. 

Proponemos organizar congresos regionales para mantener los lazos de hermandad entre iglesias y para coordinar labores, y también la posibilidad de designar a ciertos líderes como un grupo de coordinación para labores sociales de la iglesia. Necesitamos buscar otras formas prácticas de acompañarnos en nuestras iniciativas. Y también reconocemos la necesidad de un discipulado más integral que incluya temas como la creación y la unidad para sembrar unidad entre todos. 

Algunos apuntes importante para seguir pensando:

  • Todos lo que Dios creó fue bueno de gran manera.
  • El proyecto de la salvación de Dios es con todo el cosmos.
  • No se trata de dualismo cuerpo y alma.
  • Nueva creación no significa borrar y hacer de nuevo sino, renovar, reciclar, continuidad. 
  • Nuestra tarea y ministerio es sanar.
  • Dios dejó una serie de prácticas y justicia como jubileo y el descanso de la tierra. 
  • Efesio 2:10 Como hechura de Dios, Génesis 1:27 Dios nos creó a su imagen, Juan 3:16 Dios amó al mundo, al cosmos y 1 Juan 4:20  ninguna obra de Dios merece un trato indigno. 

Día 2- Libertad religiosa y derechos humanos

El segundo día iniciamos reflexionando sobre la dignidad humana, la cual, según las Escrituras, tiene su raíz en el hecho que somos creación de Dios, somos de Dios, y somos hechos a su imagen. Nos basamos en estas afirmaciones; que Dios ama a cada persona por igual y esto significa que no podemos despreciar a nadie. Cuando reconocemos que somos hijos e hijas amados del Creador con todo lo que existe, estamos llamados a amar libremente a otros, mostrándoles su propia dignidad también. 

Pero aun así, reconocemos que existen muchas divisiones en el mundo debido a que muchos se olvidan de esta dignidad y del amor y gracia de Dios. En diversas partes de Colombia existen comunidades donde uno no es libre de expresar su fe como quiere, y en todas nuestras comunidades hay historias, tanto del pasado como del presente, de las tensiones y hasta conflictos que surgen a raíz del desencuentro entre el cristianismo y la tradición indígena. 

Por una parte, vimos que existen normas, tratados internacionales y también leyes nacionales que protegen nuestro derecho de escoger las creencias y expresarlas libremente, nos animaron a actuar tanto en la libertad legal que tenemos como en la libertad en Cristo para demostrar nuestra fe al mundo. Pero vimos también la necesidad de actuar con astucia y con humildad, reconociendo las heridas que la iglesia ha causado a nuestros pueblos en el pasado como parte de la raíz del conflicto. Sí pudiéramos imaginar una iglesia que convive con su pueblo, respeta y redime las tradiciones, que están acordes con el evangelio de Jesús, podríamos vivir nuestra fe en comunidad de una forma que busca sanar heridas y construir puentes. Escuchamos el desafío que tenemos: reorientar nuestros modelos de evangelización para evitar estos choques culturales del pasado, formarnos bien para poder navegar mejor las relaciones entre culturas, y aprender a dialogar mejor con una postura de escuchar. 

Los problemas que enfrentamos

En toda la conversación, identificamos varios factores que alimentan las dificultades que muchos cristianos indígenas encuentran en sus comunidades, entre ellos los conflictos políticos, tanto entre autoridades tradicionales como entre líderes cristianos, y la prohibición de la libre expresión de la religión en algunas regiones. Sin embargo, hubo tres temas sobresalientes entre los demás: el conflicto entre cristianos mismos, el conflicto cultural por la imposición y desconocimiento cuando entran los cristianos al territorio, y la falta de preparación de los líderes de la iglesia tanto en lo político, lo cultural y lo bíblico para manejar estas primeras dos situaciones.

Muchos reconocimos que en gran parte las raíces de este conflicto se extienden hasta la llegada de los europeos con la espada en una mano y la Biblia en la otra. La imposición cultural y la ofensa que provocan muchos misioneros y evangelistas por su desconocimiento del contexto e incluso su desinterés en conocer a su hermano indígena sigue generando descontento, mal entendimiento, ofensa, y rechazo entre muchos pueblos indígenas. Sabemos que esa ofensa puede desbordarse en actos de agresión contra los que escogimos seguir a Jesús en estos contextos. 

Sin embargo, tenemos que reconocer que para tener paz en nuestras comunidades, tenemos que empezar en nuestra propia casa. Más que buscar culpar a agresores externos o demandar nuestros derechos frente a ellos, enfatizamos que tenemos que trabajar por la paz entre hermanos y hermanas de la fe. Existen conflictos entre católicos y evangélicos, pero también hay muchos conflictos entre evangélicos de diferentes denominaciones y tradiciones, además de la entrada de otras corrientes como los mormones y testigos de Jehová quienes traen más confusión al pueblo. 

Y en medio de estos dos problemas principales que causan mucho del conflicto religioso, tenemos a líderes que no están preparados para lidiar con estos choques o que causan los conflictos también. Necesitamos líderes más capacitados tanto bíblicamente como en la cultura, tradición y con más conocimiento de la historia de nuestros territorios para poder transformar estos conflictos, que tengan las capacidades líderes con humildad para reconocer sus propios errores y buscar trabajar en unidad. 

Propuestas para Acción

Como cristianos, podemos modelar cómo guardar convicciones fuertes en una postura de amor y cuidado por todos nuestros prójimos. Con ese espíritu proponemos seis áreas de acción para la iglesia indígena frente este tema de libertad religiosa:

  1. Dialogar. El diálogo, con un énfasis en escuchar al otro, fue sin duda la respuesta más enfática de todas. Y tenemos que aprender a escuchar para dialogar mejor en dos ámbitos principales. Por un lado, necesitamos dialogar mejor entre nosotros en la iglesia para trabajar más por la unidad. Pero también existe una necesidad urgente para aprender a dialogar con autoridades tradicionales y otros vecinos no cristianos. En nuestros procesos de discipulado necesitamos desarrollar capacidades de escuchar con respeto a otros que piensan diferente y buscar comunicarnos con humildad para buscar entendimiento y paz cuando sea posible (Rom. 12:18). Como el desconocimiento ha sido parte del problema, tenemos que dialogar para conocernos mejor. Si vamos a demandar nuestros derechos, tenemos que primero reconocer nuestros deberes como miembros de un pueblo para con la comunidad en general.

  2.  Trabajar por la unidad de la iglesia. Buscar tejer la paz y la unidad entre hermanos es nuestro mayor testimonio como iglesia (Juan 17:20-23). Si deseamos la libertad religiosa para nosotros, tenemos que defenderla para todos. A veces la raíz del conflicto con la comunidad viene de las peleas entre iglesias que traen confusión y rechazo en la comunidad. Además, si no estamos unidos, nuestros enemigos y detractores tienen más poder sobre nosotros. Si vamos a demandar que sean reconocidos nuestros derechos tenemos que reconocer que a veces el problema se origina con nuestro propio orgullo.

  3. Capacitarnos para poder dialogar bien, servir a la comunidad y defendernos. Toda nuestra capacitación, el camino de formación cristiana, debe conducirnos hacia acciones que dan buen testimonio de nuestro Señor. Necesitamos urgentemente una capacitación en derechos humanos y las leyes, normas, y políticas públicas que nos protegen como indígenas y como indígenas que expresan y viven la fe en Jesús. Esto nos puede ayudar a ser más efectivos en asegurar que no se violen nuestros derechos de existir y nuestra dignidad humana y nos ayudará a respetar a los demás. 

Pero también necesitamos educarnos en las bases teológicas y bíblicas para poder dialogar bien con nuestro prójimo que tiene otra creencia o incluso que nos maltrata por nuestra identificación con la fe cristiana. Tenemos que cultivar un grupo de líderes que sean capaces en el diálogo intercultural e interreligioso para buscar un entendimiento mutuo entre partidos. Pero estas personas y otras necesitamos tener la capacidad para liderar a la iglesia en navegar conversaciones entre nosotros sobre nuestras cuestiones de la relación de nuestra fe con nuestras culturas y tradiciones (ley de origen). Si podemos explorar más esta relación y buscar expresar nuestra fe de formas más contextuales, podemos también evitar mucho conflicto con la comunidad.

  1. Servir a nuestros pueblos. La fe sin obras está muerta, y demostrar el amor de Dios a través del servicio a la comunidad, mostrando un interés genuino para el bien de nuestro prójimo también puede calmar un clima tenso y empezar a cambiar opiniones de la iglesia. Pueden empezar a vernos como un bien para la comunidad y no una amenaza a la identidad. Aquí hablamos de obras sociales cómo crear proyectos de alfabetización en la lengua propia, incidir para la educación de los niños de la comunidad en temas de derechos humanos y derechos indígenas y territoriales, e incidir para la creación de políticas públicas que defienden los derechos de los pueblos indígenas. También reconocemos que en muchos casos nos encontramos en algún momento en una posición de poder o servicio público en nuestros pueblos y que en esos casos la iglesia necesita hacer un seguimiento más cercano, un discipulado, a los líderes cristianos en puestos políticos para que ejercen sus labores con una postura cristiana muy clara, evitando las tentaciones del poder y el dinero.

  2. Abogar por los derechos humanos y la libertad religiosa. Tenemos que enseñar a nuestras congregaciones estas leyes, normas y tenemos que formar rutas para reportar casos de violencia y abuso. Necesitamos organizarnos para visibilizar estos casos frente al gobierno para que haga su deber de garantizar nuestra existencia y libre expresión.

  3. Orar. Al fin de cuentas, ninguna de estas acciones sirven sin el poder de nuestro Dios, Jesucristo. Aunque existen leyes, nuestra experiencia nos ha enseñado que al Estado no le interesa la justicia sino solo el poder, lo mismo pasa cuando los líderes de nuestros pueblos se dejan seducir por el poder. Frente a esta realidad, reconocemos que no podemos mirar siempre a las autoridades de este mundo para que nos hagan justicia sino que tenemos que depender de nuestro Creador y Salvador. La oración es nuestra herramienta más poderosa, y confiamos que en nuestra debilidad Dios muestra su fuerza. Sabemos que al final la verdad y el amor ganan y esperamos en nuestro Señor.  

Para seguir pensando:

  • ¿Mi libertad religiosa es la libertad de otro?
  • ¿La autonomía y el ejercicio legislativo de los pueblos indígenas sin vulnerar los derechos fundamentales? ¿Qué pasa cuando las visiones sobre los derechos y deberes son decisiones comunitarias y no tanto individuales? 
  • Necesitamos conocer decretos emitidos por el gobierno para ver oportunidades y falencias en cuanto la implementación en contexto indigena. 
  • La necesidad de conocer, participar e incidir en las mesas nacionales, departamentales y las Mesas Interreligiosas. 
  • Necesitamos gente que nos explique juridicamente. 

Día 3- La iglesia en el contexto del conflicto armado

Hay mucho sobre este tema que dejamos sin conversar, pues el tiempo se hizo corto, y seguramente vamos a tener que seguir dialogando más. También el conflicto armado en nuestro país nos ha afectado de maneras muy diversas, pero todos nuestros territorios han sido, y muchos siguen siendo, testigos de la violencia y terror de los grupos armados, tanto legales como ilegales  y sus efectos devastadores en nuestras familias, iglesias y tierras. Este conflicto no solamente se manifiesta en acciones de violencia con armas sino también vemos sus tentáculos en el control territorial, la extorsión, la corrupción, el narcotráfico, y el desplazamiento. Ya no es un problema solo de otros. Reconocemos que en algunos pueblos miembros de la misma iglesia están involucrados, algunos en contra de su voluntad.

En el panel inicial, vimos algunos de los desafíos para la iglesia en este contexto. Nos llamaron a vivir como luz en medio de la violencia. Nos llamaron a resistir hacer alianzas con grupos armados, aunque nos cueste. También tenemos que buscar discipular a jóvenes que han sido reclutados a estos grupos armados y reconocer que el guerrillero y el paramilitar son nuestros hermanos, que necesitamos buscar el bien de todos, incluso nuestro enemigo. Como seguidores de Cristo, nuestro llamado misional es trabajar para la reconciliación que viene a través del arrepentimiento y la reparación. Sabemos que es una obra costosa, igual como le costó a nuestro Salvador. 

También, reflexionando sobre Isaías 2:4, recordamos que el cultivar la paz con nuestro prójimo está interconectado con cultivar la paz con la tierra también. Las mismas fuerzas que destruyen la vida humana están destruyendo la tierra, entonces nuestras respuestas tienen que buscar cultivar vida en todos los aspectos. 

En fin, tenemos que trabajar como iglesia para mejorar en las áreas donde nos hemos alejado de la comunidad, hasta que la comunidad reconozca a la iglesia como un espacio para sanación y reconciliación. Pero es fácil lanzar ideas y teorías en un diálogo en un lugar seguro. Es otra cosa vivirlo en el territorio donde nos puede costar la vida. Reconocemos la complejidad de este tema y de la respuesta que debemos dar como iglesia y por eso reconocemos que sin la oración y sin buscar obrar con el poder del Señor no podemos lograr nada. 

Los problemas que enfrentamos

Los jóvenes identificaron los siguiente problemas:

  • La violencia del trato de los grupos armados ilegales y también la policía y ejército nacional hacia los indígenas.
  • La pobreza, vidas precarias, y problemas familiares empujan a los niños hacia los grupos armados.
  • El reclutamiento y adoctrinamiento empieza en los colegios.
  • La falta de presencia estatal.
  • Grupos armados usan a jóvenes indígenas para infiltrar a las reuniones comunitarias (explotar su conocimiento de la lengua y la comunidad). 
  • La contaminación por los laboratorios de droga, la minería ilegal, el turismo, y otras actividades manejadas por los grupos que están afectando la salud de los pueblos. 

Los mayores agregaron estos problemas más:

  • El desplazamiento forzado y toma de tierras
  • Enfrentamiento entre clanes
  • Reclutamiento forzado
  • Hostigamiento a cristianos
  • Delincuencia común, robo, asalto, uso de drogas 
  • Amenazas y asesinato a líderes 
  • Minería ilegal
  • Violencia familiar
  • La indiferencia o inacción de la iglesia frente estos problemas

Propuestas para acción

Desafortunadamente, no nos dio tiempo para desarrollar muchas propuestas concretas, pero lo que sí mencionamos aquí lo recordamos. Sobre todo salió la necesidad de practicar el perdón, y en un acto que salió en el momento, con el empuje del Espíritu, al final del congreso los hermanos misak y nasa querían poner en práctica ese perdón. Los hermanos nasa pidieron perdón por los actos de agresión de su pueblo tomando territorio misak a la fuerza. Este acto simbólico concluyó con abrazos y oramos. Esperamos que estos actos no se queden en solo simbolismo sino que sean semillas que brotan y dan fruto en la acción de nuestra iglesia para cultivar la paz entre nuestros pueblos. 

Entre los jóvenes conversamos sobre algunas propuestas para nuestras iglesias. Primeramente, queremos que incluyan a los jóvenes en espacios de formación en derechos humanos y construcción de paz, para formarnos y estar al frente de la lucha por la paz. También reconocemos que para cultivar la paz, nuestros pueblos necesitan profesionales formados en muchas áreas donde pueden contribuir a la construcción de una sociedad pacífica. Por lo tanto, necesitamos a cristianos en esas profesiones también,  lo que pedimos de la iglesia, es un mejor acompañamiento durante nuestro tiempo en la educación superior para que salgamos con la mente y el corazón formados para servir al pueblo en nombre de nuestro Señor. También necesitamos una mejor formación desde la niñez, un discipulado que disciplina e instruye en la moralidad y ética del reino de Dios. Reconocemos los peligros de los celulares y el internet, pues estos medios se usan para seducir a la participación en la guerra. Finalmente proponemos realizar un encuentro nacional de jóvenes donde podemos seguir conversando sobre estos temas y formándonos como líderes de las próximas generaciones. 

Entre los pastores y los mayores, proponemos construir un plan con indicadores para guiarnos en la atención de casos de violencia. También reconocemos la necesidad de mantener los lazos de unidad y hermandad y necesitamos iniciar diálogos entre nosotros sobre temas relevantes como este. Como líderes reconocemos la necesidad de acompañar y atender mejor a las familias y sus problemas, pues muchas veces los problemas familiares llevan a los jóvenes a las filas de los grupos armados. Y tenemos que ser diligentes para formar a nuevos líderes y dirigentes. Además, debemos aprender a buscar apoyo de otros agentes gubernamentales y no gubernamentales para apoyar a nuestras iglesias y comunidades en el trabajo por la paz, buscando alianzas estratégicas también con líderes comunitarios para trabajar juntos. 

También en este encuentro había un grupo de amigos y amigas, aliados en el trabajo misional entre los pueblos indígenas. Frente al tema de la iglesia en el conflicto armado entre ellos también surgieron algunas propuestas generales. Lo que nos falta todavía es soñar cómo sería poner en práctica estas ideas de forma concreta y empezar a caminar juntos. Primeramente, identificamos la necesidad de estar presentes, solidarios, y escuchar primero. Desde una postura de escucha humilde y de amistad más que todo, podemos considerar cómo apoyar a nuestros hermanos indígenas en las áreas donde ellos dicen que nos necesitan. También nos comunicamos mejor entre nosotros para ofrecer herramientas, capacitaciones, y colaboración cuando nuestros hermanos lo piden.

Pero aun ahí sabemos de la necesidad de trabajar conscientes de nuestra posición frente al hermano indígena, dejándolos guiar y definir la relación y cuando sea necesario pidiendo perdón. Tenemos que formarnos para caminar mejor con nuestros hermanos sin hacer daño o formar relaciones poco saludables. Se trata de estar dispuestos a ser transformados por Dios en el encuentro.

Otra cosa que podemos hacer desde nuestros contextos en la ciudad es el trabajo de concientizar a la iglesia urbana y eurocéntrica sobre la iglesia indígena y su lucha con el conflicto armado y conflictos religiosos. Llevarles a pensar en lo que comunicamos a nuestras iglesias de los pueblos (¿son solo campo misionero para nuestra acción, o son protagonistas de la misión de Dios en medio de estos contextos de violencia?), y pensar en cambiar nuestro lenguaje y mensaje y cómo relatamos a la iglesia lo que Dios está haciendo entre los indígenas y lo que la iglesia puede aprender. 

Propuestas y sugerencias para RELIEC

En medio de estos diálogos y compartir nuestros corazones, pensamos también en cómo podríamos tomar algunas acciones más a nivel regional o nacional. Consideramos cómo tener una red o alguna forma de comunicarnos y mantener el contacto podría ayudar a fortalecer nuestras iglesias y nuestras acciones misioneras en los territorios. RELIEC tiene el potencial para ser esa red. Aquí proponemos algunas ideas para RELIEC, donde pensamos que puede apoyar tanto en acciones locales como coordinar, facilitar, y catalizar acciones entre iglesias hermanas de distintos pueblos. Identificamos tres áreas principales para el trabajo de RELIEC:

  1. Asesoría, capacitación, y acompañamiento. Sobre todo, RELIEC puede ser un acompañante a las iglesias indígenas. Hemos visto claramente que existe hambre para capacitarnos y formarnos en múltiples temas. RELEIC puede tener un rol de formar a un grupo de líderes indígenas en los temas que hemos trabajado aquí, entre otros, para que este grupo haga un trabajo de formación y educación en sus propias iglesias y regiones. Puede ser un catalista para ayudarnos a crear convenios con instituciones de educación cristiana y formación para que tengamos mejor acceso a la educación que queremos. Y puede abogar por nuestros jóvenes que van a estudiar, buscando ser un puente cultural. 

Para la formación de este grupo de líderes, vemos que hay dos temas principales que necesitamos incluir. Primero, los derechos humanos y las leyes que nos protegen como indígenas cristianos. Segundo, en el área de fe y cultura. Reconocemos que hace falta en muchas iglesias hacer un trabajo más profundo de explorar la relación de nuestra fe en Jesús con nuestra propia historia, tradición, y cultura. Reconocemos que para que el evangelio tenga un impacto transformador y eche raíces en nuestras comunidades necesitamos una iglesia y una evangelización más de nuestros propios contextos, que camina bien con nuestros pueblos. Pero no tenemos muchos modelos que cómo funciona ese proceso. RELIEC tiene personas que pueden capacitar a este grupo de líderes en estos temas. 

Además, RELIEC puede ayudar a brindar un acompañamiento y asesoramiento a acciones y proyectos que hacemos en iglesias locales o en ciertas regiones cuando lo pedimos.

  1. Servir como eje de socialización y conexión entre iglesias. Es necesario la creación una una red de contactos para mantenernos en comunicación y seguir animándonos y apoyándonos mutuamente en nuestra labor por el Señor. RELIEC puede manejar esa red, ayudándo a compartir comunicaciones entre iglesias para informar sobre casos de necesidad, socializar pedidos de oración y apoyo, y visibilizar casos de violencia que debemos denunciar. También debe crear un listado de organizaciones, iglesias y misiones aliados que ofrecen apoyo que puede servir a la iglesia indígena. Puede socializar oportunidades y ofertas para capacitaciones y proyectos. 

A través de esta red, RELIEC puede facilitar intercambios entre iglesias y líderes para seguir fomentando el intercambio de experiencias y aprendizajes entre líderes indígenas.

  1. Apoyo para iglesias locales víctimas de violencia. RELIEC debe servir como el ente movilizador para ayudar a hermanos y hermanas que han sido víctimas de violencias, sea por su religión o por efectos del conflicto armado más amplio. Puede movilizar las iglesias a dar apoyo de emergencia cuando sea necesario, ayudar a documentar casos, y representar las iglesias indígenas ante el gobierno y otras autoridades. 

Para poder realizar estos roles efectivamente, identificamos algunas áreas para fortalecer dentro de RELIEC como organización. Primero, se necesita una red de líderes regionales más activos. RELIEC debe priorizar la inversión en la capacitación y formación de este grupo de personas. También es necesario incluir a más jóvenes y mujeres. Si es necesario, recomendamos que RELIEC revise sus estatutos para considerar si es necesario realizar cambios para asegurar una participación más incluyente. 

Y para sostenerlo todo, vemos que es necesario que RELLIEC tenga un equipo administrativo autosostenido para que se dedique completamente a estas tareas. Hay que buscar financiadores o alguna forma de generar apoyo desde las iglesias indígenas y desde otras fuentes para sostener estos labores.

Conclusiones

El útlimo día del congreso, en la reflexión bíblica de la mañana nos recordamos que podemos hacer muchas actividades y mucho bien y tener un impacto grande en nuestras comunidades, pero si no mantenemos a Jesús en el centro de todo hemos perdido el camino. Hay muchos líderes que hacen grandes cosas pero luego caen en el pecado, destruyendo su familia y su ministerio, porque en medio de todo pierden su primer amor. Para mantenernos en el buen camino de Jesús, tenemos que estar todos los días en oración buscando el rostro de Dios y el soplo del Espíritu en nuestras vidas. 

También es necesario recordarnos que para crear cambio y ser agentes de luz y verdad y el amor de Dios en medio de las realidades que hemos compartido aquí, no tenemos que esperar que venga alguien más de afuera. Dios nos invita a empezar donde estamos con lo que tenemos, aunque sea solo cinco panes y dos pescados. Como iglesia indígena tenemos que dejar de evitar las conversaciones difíciles sobre nuestra realidad y nuestra relación con la comunidad. La iglesia debe ser un espacio seguro para luchar unos con otros, y con Dios, acerca de estos temas y cuestiones que nos enfrentan. Si podemos proveer este espacio, podemos discipular a la próxima generación para que sea segura en su fe y su identidad en Cristo y como indígena, para que sean agentes de las buenas nuevas del amor de Jesús. 

Nos desafiaron estos días a mirar más allá de los problemas del superficie, los síntomas, y buscar encaminarnos en una forma de vida en los pasos de Jesús que nos lleva a tocar los problemas de fondo en nuestros pueblos y fomentar acciones para la transformación. Y esto empieza en nuestra propia casa, con nuestras familias y nuestras iglesias. Oramos que el Dios de toda la creación nos guíe en este buen camino.