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Encuentros de diálogo de fe, identidad y cultura en Gunayala con un grupo de pastores, líderes y lideresas (2022–2023)

Encuentros de diálogo de fe, identidad y cultura en Gunayala con un grupo de pastores, líderes y lideresas (2022–2023)

by Jocabed Solano | Sep 8, 2026 | Iglesia, Mujeres, Norte y Centro América, Panama, Reflexiones Bíblicas, Teología

Escrito:
Jocabed Reina Solano Miselis

Participantes del análisis:
Guillermo Solano, Norlando Meza, Jocabed Solano

Introducción

¿De dónde se originan los Gunas según la memoria colectiva? El historiador, argar y saladummad, Inakeliginya, decía que “antes de dar respuesta sobre el origen de los Gunas primero tenemos que conocer nuestras raíces y tenemos que saber el espíritu de los Gunas, de los olodule y de los gungidule” (comunicación personal, 24 de enero de 2000, realizada por Atilio Martínez).

Las abuelas y abuelos gunadules nos enseñan, a través de los cantos orales, que somos un pueblo que viene de la montaña sagrada de Daggargunyala (actualmente entre la frontera de Panamá y Colombia), y de manera más específica, de las llanuras que riega el Amuggadiwar (actual río Atrato, en el departamento del Chocó, Colombia). Por esas llanuras nuestros abuelos y abuelas dejaron sus primeras huellas. Somos de los grandes ríos.

Por las llanuras del río Atrato (departamento del Chocó, Colombia) venimos caminando, padeciendo enfermedades, tejiendo historias, cuidando a la madre tierra, surcando los grandes ríos como el Amuggadiwar. Así fuimos fundando y dejando los grandes pueblos: Siglibe, Guamibe, Aribe, Bunus, Mommon, Wasgannar, Buwargana (donde murió Ibeorgun, nuestro primer guía espiritual), Uggubnega (pueblo de grandes concentraciones de los nelegan —líderes, orientadores, profetas gunas—), Gabdi, Ibirdiwala, Ogiggidiwala, Aggandi, Eddor, Surggun, Daner, Gugge, Ongui, Arggi, Oagana, Nalubgandi, Aswegandi, Gaggirdiwala, Duglegandi, Balir, Ibegandi, Guilubgandi, Buggigandi, Urbedi, Genidiwala, Aggangolediwar, Aggansagladiwar, Agla (Acla), Nabnadi, Banegundiwar, Dubgandi, Suedinagga, Gargadinagga, Nugali, Sugbisa, Duquesa, entre otros. Por esos ríos nuestros padres fueron tejiendo historias; y hoy todos estos sitios quedaron devorados por las selvas del Darién como testigos de nuestros antepasados.

Los gunadules nos llamamos hijos e hijas de la superficie de la tierra. Según nos cuenta el hermano Abadio Green, una traducción literal de la palabra gunadule es “las personas que viven en la superficie de la tierra”. Gunadule viene de la palabra gungidule (guna–gine–dule) que usan nuestros sabios en sus cantos. Guna quiere decir “superficie de la tierra”; gine es una expresión funcional locativa, es decir, indica y localiza —en este caso, nos indica que los dule están en la superficie de la tierra—. Dule quiere decir “persona”, “ser vivo”, lo cual, en la concepción dule, no se refiere solamente a las personas humanas, sino también a todos los animales y a todos los seres que viven en la madre tierra.

Nos reconocemos como hijos e hijas de la tierra, porque de ella emergemos, somos alimentados por la tierra y, al morir, cultivados en ella. Desde la niñez, las abuelas y madres nos cantan sobre la relación con el Creador, la relación con la tierra y con toda la comunidad de seres vivos que habitan y conviven en el territorio gunadule. En las épocas de la invasión, nuestros abuelos y abuelas se defendieron de la espada y del cristianismo colonial, que intentó oprimir y silenciar las voces de los gunadules. Como dirían los abuelos gunas, cuando intentaron matar el espíritu del pueblo gunadule no pudieron: hemos resistido a la invasión y todavía somos un pueblo que resiste, a partir de sus cantos, ceremonias, danzas, idioma, alimento, la mola (arte y comunicación de la mujer gunadule), relatos e historias. Somos la memoria viva que la muerte no pudo extinguir: la memoria colectiva de un pueblo que resiste y se mantiene vivo en medio de las adversidades y las esperanzas.

En la actualidad, el territorio de Gunayala tiene una estructura sociopolítica organizativa basada en el sistema tradicional. Contamos con un sagla principal (líder que dirige la comunidad), además de los argarmar (voceros que también interpretan los cantos) y los suwaribgan, personas encargadas de la disciplina y el orden de la comunidad, especialmente en las ceremonias de los cantos tradicionales. Existen además distintas instancias encargadas de las diversas actividades comunitarias. Junto a las autoridades locales, hay seis sagladummagan (caciques de los Congresos Generales que tiene Gunayala). El Congreso General de Gunayala es el máximo organismo cultural y espiritual del pueblo guna. La comarca de Gunayala es uno de los seis territorios de la nación gunadule, ubicados actualmente en Panamá y Colombia (datos del Congreso General Guna).

Las misiones en Gunayala

Hay escritos que señalan que, a inicios del siglo XIX, hubo procesos de evangelización tanto de la Iglesia católica como de la Iglesia protestante. El padre Gassó y la misionera Ann Cooper establecieron propuestas doctrinales, dogmáticas y teológicas; lamentablemente, entre ellos hubo conflictos por el deseo de imponer su hegemonía religiosa. Uno de los jóvenes que decidió participar en estos procesos con ambos fue Robinson. En un momento de la historia, él se convierte en sagla (líder) de la comunidad de Narganá, lo que acrecentó el conflicto interno que vivía, no solo por las disputas frecuentes entre Ann y Gassó, sino porque esas luchas también lo llevaron a enfrentarse con el pensamiento de su propio pueblo: vivir la cultura guna y ser cristiano parecía incompatible. Este conflicto se acrecentó aún más cuando el Estado panameño se alió con la Iglesia. Los misioneros católicos y protestantes tenían sus propósitos, y el Estado panameño el suyo: “civilizar a los gunas”. La misión de los misioneros era evangelizar, y la unión de ambos fue estratégica para llevar a cabo sus fines. Esta mirada fue recogida de los testimonios realizados por James Howe a los líderes del pueblo gunadule.

Sin embargo, reconocemos que falta indagar y documentar los relatos de las iglesias bautistas y católicas en relación con sus feligreses, sobre cómo ellos entienden la historia de las misiones en sus comunidades. Nos parece importante, en cambio, ofrecer un marco de esa historia desde la perspectiva de algunos líderes gunas, relatada en el libro Un pueblo que jamás se arrodilló, como una forma de explicar las tensiones que algunas misiones trajeron a Gunayala y a Abya Yala por sus perspectivas sobre la fe y su trabajo en el contexto guna.

Hoy podemos también señalar que las nuevas generaciones, tanto de las iglesias protestantes como católicas, han trabajado con respeto hacia la comunidad y también con respeto entre ellas. Claro está que, en muchas ocasiones, lo hacen sin integrarse, más bien trabajando cada una por su lado, lo que muestra la división existente, aunque ya no la confrontación que se planteaba en el libro en aquel entonces. Las iglesias presentes en Gunayala deben tener permiso de las comunidades locales y del Congreso General Guna; como territorio gunadule, este puede negar o aceptar la presencia de una nueva iglesia.

Es así que, cuando planteamos estos diálogos de fe, identidad y cultura, teníamos en mente la historia y la memoria colectiva del pueblo gunadule, así como la historia y la memoria de las corrientes de las misiones católicas y protestantes presentes en Gunayala. Partir de la memoria histórica del pueblo gunadule es muy importante para entender el ser de los gunas. En el año 1925 hubo una revolución, algunos la llaman rebelión, y ambos nombres muestran el carácter de los gunas. En ese entonces, el gobierno quiso eliminar la identidad del pueblo gunadule: reprimiendo, golpeando, quemando las casas ceremoniales y de reunión, abusando de su poder con las armas, violentando a hombres y mujeres para que no hablaran el idioma, ni se vistieran con la mola, ni celebraran sus ceremonias. Así que, cuando planteamos la fe, la identidad y la cultura, estas van envueltas en estos matices.

La fe hacia el Creador es lo que se nos ha inculcado como nación; toda nuestra vida está alimentada por nuestra fe, y los cantos y los consejos que se nos dan en la casa de congreso vienen de nuestra fe en Dios. Así que, al iniciar estos diálogos, decidimos visitar varias comunidades y conversar con las autoridades locales, y en las islas donde hubiera iglesia, con los distintos pastores y pastoras, líderes de la comunidad. A través de las conversaciones con los pastores y pastoras, los saglas (líderes locales de la comunidad), los inadulegan (médicos tradicionales), los maestros de las escuelas y los jóvenes, y visitando algunas familias para conversar con las mujeres, pudimos escuchar varios elementos que nos ayudaron a caminar y organizar los tiempos de diálogo de Memoria Indígena en Gunayala.

Es importante escuchar, grabar y escribir las memorias no solo de las iglesias, sino también de la comunidad y de sus líderes, como testimonio de nuestra fe y reconocimiento del actuar del Espíritu en las comunidades. Además, se trata de crear espacios de diálogo entre los distintos actores de la comunidad para compartir cómo comprenden a Dios, la realidad que se vive en Gunayala, los desafíos actuales y el sueño de la comunidad para sus hijas e hijos. Esta parte del sueño de la comunidad es muy importante seguir hilando finamente, pues escuchar sus sueños de plenitud para las nuevas generaciones de gunas nos hace pensar que el sueño de Dios para el pueblo va entretejido con el sueño de los padres y madres para sus hijas e hijos.

Una abuela guna, mientras la visitábamos, nos contó su sueño para su nieta: quiere que sea una joven que disfrute la vida, que comparta con los demás, que sea solidaria, que se interese por su familia, que pueda estudiar y servir a la comunidad, que viva recordando su identidad, y que las nuevas generaciones de gunas puedan vivir en armonía con Dios y la creación entera, disfrutando del alimento que cultivan en las tierras gunas. Esto nos recuerda las palabras del saludo que se hace en las casas gunas: “¿Qué soñaste?”, como pregunta para iniciar el día, pero que encierra una propuesta filosófica más profunda: “qué soñaste” es también el deseo-oración de una vida plena para su pueblo.

El interés mostrado en las comunidades por el proyecto de Memoria Indígena es también muestra del reconocimiento colectivo, por parte del pueblo gunadule, de la importancia de su memoria. La hermana Luisa, de la isla de Naras Dummad (Naranjo Grande), nos habló de la importancia de la soberanía alimentaria; de hecho, fuimos junto con hermanas y niños a visitar su finca comunitaria. Ella nos planteaba que la fe que cultiva la tierra es una fe que reconoce las bondades del Creador, y compartió su testimonio: en tiempos de la pandemia de covid, se unieron para trabajar en la finca y tener con qué alimentar a sus familias. Reconoce que, si hay una ética que han aprendido de la sabiduría de la comunidad guna, es la de compartir con los demás, así como la tierra es generosa y nos da, gracias a que Dios nos bendice a través de ella. Con ella visitamos su iglesia y oramos en el templo, pero también oramos en la finca y en el río, pues ahí también habita Dios, y lo vemos a diario en el canto de las aves, en el ocaso del sol, en el mango, en los peces, entre otros. Cuando hablamos de los desafíos, surge el tema del cuidado de la creación, la crisis climática, las semillas nativas, los alimentos que comemos, el turismo y la droga, ya que los narcotraficantes, cuando huyen de Senafront, tiran la droga en aguas gunas, y esto también es una amenaza para la comunidad y para la autonomía, pues hay formas sutiles de perderla. Somos muy conscientes de esto, y por eso los líderes de la comunidad insisten en la importancia de una estructura sólida de organización política y de gobernanza, que nos permita ser autónomos en nuestras decisiones frente a estas realidades.

Al visitar a los saglas de las comunidades, nos contaron que es importante que la iglesia también anime a la comunidad a participar de los cantos ancestrales, pues en ellos hay sabiduría y consejos para el pueblo. Nos dice Atilio Martínez, filósofo e historiador guna, que los gunas somos filósofos. Las preguntas de quiénes somos, de dónde vienen los gunadules, qué significa ser guna, y cómo nuestra identidad está marcada por nuestra relación con la tierra, son centrales: cuando los abuelos miraban sus rostros en los ríos, recordaban su procedencia como parte de la tierra. Por eso, cuando nos relacionamos como gunadules unos con otros, debemos recordar que somos parte de la creación. El hermano Atilio seguía afirmando la importancia de la identidad gunadule: mencionaba que los gunas no construimos grandes pirámides, pero que nuestras abuelas y abuelos son grandes filósofos, y que el aporte de la filosofía gunadule es impresionante, y cómo, a través de su relación con la madre tierra, han creado formas de gobernanza. Sería una gran contribución aprender de la sabiduría gunadule, mucha de la cual está en la memoria colectiva, desde el dulegaya.

Por otro lado, el pastor Efraín, de la iglesia bautista en Digir, nos compartió sobre su trabajo y su relación cercana con la comunidad, y cómo participa de la vida comunitaria, pues ser pastor de la iglesia no lo exime de su responsabilidad en la comunidad. En la iglesia de Digir pudimos compartir con la congregación, realizamos estudios bíblicos y, por las noches, los cultos, donde nos permitieron predicar. Además, conversamos con personas prominentes de la comunidad.

Las mujeres de la iglesia estaban muy contentas de que Jocabed facilitara un estudio bíblico, y a través de la mola pudimos conversar sobre la participación y la vida de la mujer en la comunidad. Además, junto con Norlando, nos invitaron a realizar algunas actividades con los jóvenes de la iglesia.

Por otro lado, el pastor Lázaro Davis estaba muy animado a invitar a otros pastores y líderes, porque cree que este proyecto tiene mucho potencial para profundizar la fe desde sus propias identidades, y para animar también a los pastores del área de Cartí, ya que señala que uno de los desafíos es que los pastores en las islas gunas no reciben salario, por lo que piensa que estos encuentros ayudan a fortalecer los lazos de hermandad entre ellos.

En estos viajes hablamos con el inaduled (médico guna) en Wichuwala, quien nos mostró todas las medicinas naturales que prepara y con qué las compone, y nos explicó la dedicación que ponen para que la persona enferma se cure. Reconoce que las plantas medicinales tienen muchas propiedades, y que los abuelos gunas eran y son expertos conocedores de las plantas: hay curas en ellas que la medicina occidental desconoce. Pero también afirma que estas plantas provienen de Dios, así que, cuando va al campo a buscar las plantas, las raíces y las piedras, lo hace con actitud de oración; cuando las prepara, también sigue orando, y cuando entrega el remedio a la persona que tiene una dolencia, hace un canto al Creador, pues es Dios quien da la salud. Pudimos presenciar cuando entonó un canto-oración a Dios para que la medicina trajera salud a quien la iba a utilizar. Nos cuenta que los gunadules creen mucho en Dios y que cada acto es una oración a Dios.

En la casa del pastor Canto, en Cartí Tupile, conversamos con la familia, que nos habló sobre la migración y el trabajo de las mujeres gunadules en la actualidad para mantener a sus hijos e hijas cuando estos viven en la ciudad, a través de la venta de las molas. Nos contaron cómo las mujeres cosen las molas porque les gusta mucho hacerlo, pero también sobre la realidad de que muchos de sus hijos e hijas migran a las ciudades para estudiar, lo que se convierte en un desafío para ellas, pues deben coser muchas molas para enviarles dinero para la escuela y la universidad. Contaban que algo que ayuda mucho es que las familias acogen a esos hijos sin cobrarles, pues la familia guna es muy solidaria; sin embargo, siempre falta dinero para los pasajes, los libros y las actividades del colegio y la universidad.

Cuando nos reunimos con los pastores y los jóvenes que vinieron con ellos, pudimos percibir en estos últimos un gran deseo de aprender a escribir y grabar las memorias de la iglesia, de los pastores, y de sus abuelas y abuelos.

A las mujeres les gustaría conocer la experiencia de otras mujeres en Abya Yala, y los niños y niñas siempre estaban alrededor, por lo que creemos importante pensar también en ellos en estos espacios de encuentro, de manera paralela, con algún equipo que nos ayude, ya que muchos vienen con su mamá, hermanas o hermanos. En este viaje de conocimiento nos encontramos con varios desafíos y expectativas de parte de los pastores, como el deseo de visitar juntos todas las islas del área de Cartí para animar e invitar a otros a caminar en este proceso, según señalaron los pastores Moisés, Guillermo y Lázaro.

Encuentro en Aggwadub, Gunayala, del 30 de marzo al 2 de abril

Participaron alrededor de 25 personas, entre pastores y jóvenes. En este primer encuentro trabajamos cuatro momentos, y por las noches, cultos comunitarios.

Primer momento. Compartimos la importancia de estos diálogos y de este caminar juntos como Memoria Indígena, con el tema de fe, identidad y cultura. Algo muy importante en Gunayala es hacer los cultos, así que empezamos con uno donde predicó el pastor Guillermo, con muchos cantos y oración. Después de ese espacio, trabajamos el siguiente momento a partir de la pregunta:

¿Quiénes somos y de dónde venimos?

Todos escribieron su genealogía y los territorios donde vivieron o viven sus familiares, además de contar sus propias historias, memorias y testimonios. Esta parte fue muy interesante, pues al relatar sus memorias comunitarias y familiares empezaron a compartir la importancia de los valores de la comunidad gunadule en la enseñanza diaria. También recordaron que somos un pueblo muy orgulloso de su identidad, y reconocieron cómo los movimientos migratorios —tanto entre las mismas islas como hacia las ciudades— también han marcado su caminar. Quedaron muy animados a tomar la tarea de averiguar con mayor detalle la procedencia de su familia: algunos recordaban hasta sus tatarabuelos, pero más allá ya no sabían. Aunque es cierto que, como gunadules, tenemos una raíz familiar común que conocemos por los cantos, es necesario recordar también a nuestros abuelas y abuelos directos y su papel en la comunidad, en la familia y en nuestra propia vida. Algunos decían que este ejercicio era muy importante porque les permite ser más conscientes del legado de sus abuelos y abuelas, y que era la primera vez que en una reunión de la iglesia se hablaba sobre esto. Timoteo mencionó que Jesús vivió en un contexto específico como judío —aunque en realidad era galileo— y que no negó su identidad, sino que la afirmó y la amó. Nosotros también debemos amar nuestra identidad.

Finalmente, todos reconocimos que tenemos raíces comunes de abuelos y abuelas como gunas:

Nuestra genealogía empieza con Baba y Nana (Dios Padre y Madre), quienes crean la madre tierra. Nace Oloiddirdili, Ologwadule, Oloiddirdili, Olobibbirgunyai, Nabgwana.

Luego viene la etapa de Wago: Ologegebyai, Olowagunanele, Olobendaggaliler, Olobengeggaliler, primera criatura de Baba y Nana después de Nabgwana, sabbi e baba (reino vegetal). Olonaiggabaler, Olonailasob fueron los primeros dules, guardianes y defensores de la madre tierra.

Hijos de Olonaiggabaler y Olonailasob: Gana, Gussugga, Ologunaliler, Dobbegga, Inue. Sus aliados: Olourgunaliler, Muu Gewasdili, Ologuggurdili, Olonoo, Ologoe, Olonagbe, Olonia… Olonaiggabaler, Olobursob y sus hijos rompen con las normas de Baba y Nana, y someten a Nabgwana a sus vejámenes. Empieza el caos, la confusión, el sufrimiento de la madre tierra. La situación se agrava con la presencia de los aliados con que cuenta Biler para su proyecto de muerte.

Luego vienen Mago y Ologwadule. Sus dos hijos: Olonidabibbiler (Olodualigibbiler) y Olomagiryai (Ologabayai, Ologabaryai). Después, los ocho hermanos: Olowaibibbiler (Ibler, Ibeler, Dad Ibe), Oller, Olowigabibbiler, Olosunnibeler, Uudur (Buudur), Ologailibibbiler (Ologwadgwaddule), Igwaoginyabbiler (Bugasui), Olowagli (Olodagigiyai), Dad Galibe.

Este periodo corre también con las cuatro etapas marcadas por las cuatro Aiban Wagua —Dad Garban, Dad Olodubyaliler, Dad Agban, Inanadili, Duiren—, catástrofes e intervenciones regenerativas respectivas de Baba y Nana. La historia guna, en esta etapa, pasa por periodos de grandes avances y de profundas decadencias sociales, con tensión entre el bien y el mal, entre la fuerza liberadora de los hijos de Nabgwana y el sometimiento atroz de otros.

Periodo de Orgun y Giggadiryai. De acuerdo con las intervenciones regenerativas de Baba y Nana sobre Nabgwana, este periodo llega hasta nuestros días. Siguiendo la lógica de la estructura que presentan los maestros, este periodo debía pasar también por las cuatro regeneraciones curativas de Baba y Nana. Desde esta etapa histórica es donde conocemos el pasado, y los medios que tenemos para conocerlo son los nergan.

Periodo posterior a Orgun: los nergan. Difunden el babigala, y sus enseñanzas llegan hasta nosotros. Cada nele aborda y profundiza temas específicos:

  • Diegun: la realidad del mal y sus efectos en el universo. Al final de sus días sembró terror en su pueblo, y este se liberó eliminándolo.
  • Vida de las plantas y de los árboles, conocido como sabbinele: las relaciones del gubiler (hombre) con los árboles (medio natural), su lenguaje, organización, sentidos y necesidades. Habló del velo delicado que cubre a Olobibbirgunyai; del hombre como parte integrante de la madre tierra y no su dueño; de nana Olowainasob, de nana Ologunasob.
  • Galu Ibaggi y los defensores de Nabgwana.
  • Baglibe: la ética guna; el camino de burba hacia Baba y Nana después de la muerte; las normas de Baba y Nana dadas al hombre, su observancia y la sanción o justificación consecuente.
  • Balibbiler Baluwala: el mar y sus movimientos, su lenguaje y sus relaciones con el hombre y Nabgwana; los límites entre el agua dulce y el agua salada.
  • Wagibler: el origen del hombre; muu Sobia, muu Sobnana, muu Binwegunsob; el comportamiento, la organización y el lenguaje de las aves y sus relaciones con otros componentes del cosmos; la diversidad de pueblos sobre la madre tierra, la fraternidad cósmica desde la diversidad, y la diversidad como riqueza de Nabgwana.
  • Masardummi: la creación del cosmos, el nacimiento de Ologwadule y sus relaciones con Baba y Nana; las etapas de desarrollo de Nabgwana (Oloiiddirdili, Olobibbirdili, Nabgwana), las huellas de Baba y de Nana sobre la madre tierra, y el equilibrio de los elementos del cosmos.
  • Ner Sibu: Baba, Nana y la creación; la muerte, la vida, el gozo; el camino hacia babanega; las categorías de plenitud del hombre de acuerdo con los esfuerzos puestos al servicio de la comunidad.
  • Ologanagungiler: el lenguaje de la luz del sol y de los astros; la redondez de la tierra; los distintos rostros de Olowainasob; Ibeler y sus hermanos en la defensa de Nabgwana; predice la invasión europea a Abiayala y la existencia de otros continentes además de Abiayala.
  • Olonagegiryai: los límites de Olobibbirdili, su redondez, su forma combada (meddesorgiid) y su estructura; analiza críticamente la política de las autoridades de su tiempo; profundiza el arte como uno de los elementos dinamizadores de la sociedad; llega a galu Deddorgalu, galu Dugbis; incrementa y perfecciona los diseños de la mola, wini.
  • Olonigdidili: estudia las capas profundas de Nabgwana; las mujeres en la historia y su papel en la estructura sociopolítica; el ser humano como microcosmos, y sus componentes: agua, fuego, aire, tierra, sal.
  • Buna Nelegwa Nelegwa: profundiza la capa combada (negaduu) de Olobibbirdili; la mujer en la creación; el arcoíris y su significado sobre la madre tierra; los siete tipos de vitalidad de Nabgwana. Enseñó que Olobibbirdili solamente puede ser entendida desde la realidad de mamá.
  • (Nombre desconocido): los límites de Nabgwana; los glaciares y la neblina que rodean a la madre tierra; las capas que cubren el universo y su papel en la integridad de Ologwadule.

¿Cuál ha sido el aporte de tus abuelas, abuelos, padres, madres y líderes de la comunidad en tu formación?

La mayoría mencionó la fortaleza de la identidad, el idioma, el orgullo de ser gunadule, el deseo de que los hijos e hijas fueran personas de bien, el valor del trabajo, la generosidad y la hospitalidad, el trabajo comunitario en el campo y en la construcción de las casas, y la gobernanza en las comunidades. Los abuelos y abuelas eran y son personas muy organizadas, que nos enseñan la importancia de la autonomía del pueblo guna, así como la importancia de cuidar la tierra. Tenemos que cuidar y preservar nuestra autonomía, pues un pueblo sin tierra pierde esa autonomía para gobernarse desde la identidad indígena. De ahí la importancia del territorio, incluyendo el mar.

Tercer momento. Se trabajó en tres grupos sobre la memoria de Jesús desde los evangelios. Cada grupo hizo un estudio bíblico para construir la biografía de Jesús, y además aportó sobre cómo Jesús predicó las buenas nuevas desde su cultura: cómo practicaba las ceremonias de su pueblo, cómo era un hombre que observaba a los pájaros y de allí aprendía, y cómo utilizó las parábolas para predicar. Las hermanas y los hermanos decían que Jesús se parecía a ellos, ya que era un hombre que conocía la tierra y el mar. “Pues en Gunayala conocemos la tierra y somos pescadores”, mencionaba Pacheco. Además, señalaron que tenemos muchos relatos que nos enseñan verdades para vivir una ética del bien en todas las relaciones.

Cuarto momento: trabajamos las realidades. Se hizo una lista de las realidades que ellos perciben en el pueblo gunadule, y se oró por estas necesidades; la oración incluyó tanto lo negativo como un tiempo de gratitud por lo bueno que vemos en las comunidades. Una de las cosas por las que dieron gracias fue por tener un territorio hermoso, donde la tierra todavía produce alimento y hay muchos peces. Como aspecto negativo, mencionaron el impacto del cambio climático y de las drogas: los barcos que vienen de Colombia, cuando son perseguidos por la policía, tiran la droga al mar, y algunos jóvenes la venden, lo que ha incrementado su consumo y venta.

Quinto momento: las expectativas para las próximas reuniones. Entre ellas: limpieza en la comunidad; un estudio o taller sobre cómo entendemos la importancia de la cultura en la Biblia; el deseo de aprender a evangelizar; y el deseo de seguir dialogando, de aprender de las abuelas y abuelos gunas, y de ser seguidores de Jesús que viven la fe desde la identidad guna.

Tuvimos devocionales comunitarios durante el día y, por las noches, cultos, ya que los pastores y los jóvenes querían reunirse en la noche para cantar, orar y leer la Biblia juntos.

Dios revelándose en el pueblo gunadule: algunas breves reflexiones

Dios se reveló antes de la llegada de la Biblia, a través de la creación, y también a través de la cultura se reveló a nuestro pueblo. Las abuelas aprendieron a coser la mola a través del sueño; el pastor Guillermo cuenta que su papá aprendió a ser bibi a través de los sueños y las plantas medicinales. Dios trajo la propuesta para el desarrollo del pueblo gunadule; enseña a través de los cantos, y usa la medicina que se comparte de generación en generación. También lo hace a través de los dones y talentos; como ser cazador, tejedor, músico, Pescador : Dios dio esos dones. Hay grandes pescadores en el pueblo guna; cuando hay escasez de pescado, hay personas con dones especiales que saben dónde pescar. Así como Jesús sabía dónde había pescado cuando sus discípulos, frustrados, no habían pescado nada en toda la noche —los evangelios narran esta pesca milagrosa—, de la misma manera hay gunas que saben dónde pescar cuando parece no haber nada: eso también es una pesca milagrosa.

Hay otros que construyen barcos, expertos en agronomía y en cantos medicinales. Dios se fue revelando al pueblo guna a través de su creación. Sin embargo, hay muchas personas que, por no conocer bien la cultura y la tradición, opinan y condenan la cultura guna. La cultura es el conjunto de las tradiciones, y hay tradiciones que son buenas. Cuando hablamos de cultura, pensamos solo en las cosas malas. ¿Por qué tenemos estos prejuicios negativos?

Somos pobres en conocimiento, y los seminarios bíblicos son pobres cuando no involucran nuestra cultura e identidad. Tenemos maestros pobres, que no comprenden la cultura. Cuando estudié griego en el instituto bíblico, me enseñaron la gramática, pero no su relación con la Biblia, y mucho menos me enseñaron la importancia de lo que estudiaba como relevante para mi pueblo, para mi cultura.

Sobre el discipulado

Algunos jóvenes ofrecieron su propio ejemplo, válido desde su experiencia: a veces, cuando nuestros abuelos van al monte en sus cayucos, canaleteando, o caminan por el bosque, empiezan a contarnos historias y a enseñarnos. He visto cómo los abuelos, al tomar la fruta del árbol o buscar la medicina, piden permiso a Dios; oran, reconociendo que todo viene de Dios.

El discipulado va más allá de aprender y enseñar: es una relación que se desarrolla y se profundiza entre el maestro y el alumno. De ahí que el alumno lleve frecuentemente comida a su maestro, “tú eres mi maestro, yo te llevo plátano”; entre la familia, entre el maestro y el discípulo, hay un acercamiento de solidaridad, un desarrollo de hermandad y de convivencia. La comunidad gunadule se caracteriza por su fundamento en la ética del consejo que se recibe de la mamá, del omagged nega, de los abuelos, para vivir una ética del buen vivir.

Un discipulado que aprecia la vida del pueblo es un discipulado pertinente. Por ejemplo: la revolución dule de 1925 es un hito muy importante para nuestro pueblo. Todos los gunas nos sentimos orgullosos de esta lucha; la iglesia no debe alejarse de la cultura del pueblo, pues cuando lo hace no comprende la plenitud del evangelio. Al vivir el evangelio en plenitud, podemos abrazar lo hermoso de nuestra cultura, sin dejar de poder criticar aquello que reconocemos que no está bien en ella. Participar de la cultura y vivir desde la memoria es conocer y reconocer la presencia de Dios revelándose en su propia historia, y su sueño para el pueblo, en su propia memoria. En la revolución dule podemos ver y escuchar el testimonio de la salvación de Dios para el pueblo gunadule, pues nos quisieron eliminar, quitarnos nuestra identidad, y Dios nos salvó a través de la lucha de los abuelos y abuelas.

Entonces, la pregunta que surge es: ¿cómo se manifiesta la buena nueva de Jesús en la comunidad gunadule?

Dios también se manifiesta a través de lo que vemos, sentimos, olemos y tocamos: la revelación de Dios en nuestros sentidos y en la creación. Solo cuando somos capaces de sentir con todos los sentidos la realidad de nuestro pueblo, podemos sentir a Dios viviendo en la realidad del pueblo guna; es como una danza colectiva de Dios con la comunidad guna, y la iglesia debe reconocer el actuar del Espíritu en esta danza y ser partícipe de ella.

El pueblo gunadule es un pueblo que cree mucho en los consejos; por eso a la casa de congreso guna también se le llama la casa del consejo. Allí hemos aprendido mucho sobre la ética de las relaciones justas y de la armonía con los demás y con la tierra. Una manera en que todos los gunas hemos aprendido a ser conscientes de nuestra relación con Dios, con la tierra y con la comunidad entera, es que los consejos vienen envueltos en capas de sabiduría: siempre las abuelas y los abuelos nos aconsejan, mer be atursae, mer gagansae, mer gegued (no seas ladrón, no mientas, no seas perezoso). Nos enseñan a compartir, a amar a la familia, a amar nuestra identidad, a ser conscientes de Dios en todo lo que hacemos. También nos enseñan, a partir de los errores de hermanos gunas, que en los cantos se cuenta de personas que no pensaban en el bien de la comunidad y se desviaron del camino de Dios. Nosotros también nos desviamos cuando no pensamos en el bien de la comunidad ni en el camino de Dios, y por eso Dios despierta el espíritu del guna para que recuerde su camino —un camino inmerso en el camino de Dios, que se ha manifestado muchas veces en las memorias de las abuelas y los abuelos.

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